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Conciliación durante la pandemia, ¿qué podemos hacer para cuidar de nuestros hijos si tienen que guardar cuarentena?

Los problemas de conciliación durante la pandemia han sido una constante desde que esta irrumpió en nuestras vidas. A ellos hay que añadir ahora un nuevo escenario que está sembrando el desconcierto en numerosos hogares, el de un niño que se contagia o es declarado contacto estrecho en el ámbito escolar y, por su corta edad u otro motivo, no ha recibido la vacuna. Y es que los padres, ante la ausencia de una legislación específica, debemos ir a trabajar si hemos sido inmunizados contra la enfermedad y no damos positivo, hayamos o no interactuado con alguno. Pero que, ¿qué podemos hacer entonces para que nuestros hijos estén cuidados durante su aislamiento obligatorio?

¿Podemos pedir una baja médica?

La Seguridad Social no contempla las bajas médicas para quienes convivan con alguien infectado por la COVID-19. Lo mismo ocurre cuando la cuarentena de un menor no enfermo viene motivada por la clausura de su clase o de su centro, generándose en ambos casos una situación incierta que ya afecta a miles de familias.

Y es que, en teoría, las únicas personas para las que se concibe esta vía es para aquellas obligadas a confinarse. Es decir, quienes den positivo en una prueba diagnóstica o sean declarados contacto estrecho sin haber recibido la pauta completa de vacunación. A los que se les hayan administrado todas las dosis, sin embargo, no se les da esta posibilidad, ni siquiera ante la necesidad de tener que cuidar de un hijo u otro familiar dependiente con COVID-19.

Bajas para la conciliación durante la pandemia
La ausencia de bajas médicas para cuidados dificulta la conciliación durante la pandemia | Fuente: Canva

Qué opciones nos quedan a los padres

Aunque ninguna representa una solución ideal, existen varias alternativas de actuación ante los mencionados escenarios. Todas ellas implican, no obstante, consecuencias no deseadas por muchos progenitores por su potencial impacto en el contexto laboral, el económico o incluso en el de la salud de terceras personas.

1. Acogernos al Plan Me Cuida

Prorrogado actualmente hasta finales de febrero, el Plan Me Cuida permite la adaptación o la reducción de jornada de los trabajadores por cuenta ajena que acrediten estar al cuidado de cónyuges o parejas de hecho, padres, madres, abuelos, hijos o nietos con el fin de evitar la transmisión comunitaria de la COVID-19.

Los requisitos para adherirnos a esta iniciativa incluyen cualquier circunstancia derivada de decisiones institucionales, como podría ser el cierre de centros educativos o las mencionadas cuarentenas obligatorias. También se recogen aquellos casos en los que quien haya estado cuidando del familiar en cuestión, no pudiera seguir haciéndolo por causas relacionadas con la pandemia.

La adaptación del horario podrá referirse a la distribución del tiempo de trabajo o cualquier
otro aspecto de las condiciones de trabajo cuya alteración o ajuste permita que el trabajador pueda dispensar la atención necesaria. Puede consistir en un cambio de turno, en la alteración o flexibilización de la jornada, en un cambio de centro de trabajo o de funciones o en otra manera de prestar los servicios, ya hablemos de teletrabajo u otras medidas disponibles o aún por implantarse. El principal inconveniente es que debe existir un acuerdo con las empresas. Algo que, teniendo en cuenta que la situación de muchas de ellas tampoco es la ideal, no siempre resulta sencillo.

Por su parte, la reducción de horas, de hasta el 100% si así se requiere y que puede comunicarse con un preaviso de 24 horas, conlleva un descenso proporcional de salario. Sacrificar una parte o el total de los ingresos mensuales quizá suponga una solución válida para algunas familias. Otras, sin embargo, no pueden ni plantearse dar este paso por las desastrosas repercusiones que tendría en su economía doméstica.

2. Pedir vacaciones o una excedencia

Ante las dificultades de conciliación durante la pandemia, podría no quedarnos otra que utilizar nuestros días de vacaciones o solicitar una excedencia. El evidente perjuicio que se produciría en ambos casos tampoco convierte a esta en una opción demasiado interesante.

3. Dejar a los niños con los abuelos u otros familiares

La tercera alternativa pasaría por dejar a nuestros hijos con los abuelos, si bien no parece una decisión de lo más prudente por la especial vulnerabilidad que presentan ante la COVID-19 las personas de avanzada edad. Incluso aunque las correspondientes pruebas hayan determinado que no hay contagio, existen variables inciertas como que el resultado sea erróneo o que, pese a no haberse desarrollado la enfermedad, esta se pueda seguir transmitiendo.

Soluciones para la conciliación durante la pandemia
Recurrir a los abuelos, una solución arriesgada ante los problemas de conciliación durante la pandemia | Fuente: Pexels

Mejor elección sería decantarnos, si las hubiera, por personas cercanas que se encuentren fuera de esa franja poblacional tan susceptible. En cualquiera de los supuestos y especialmente si los niños han dado positivo, hay que extremar las precauciones y minimizar los riesgos respetando todas las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias.

4. Contratar a un profesional que los atienda

Por último, es posible recurrir a la contratación de alguien con experiencia en el cuidado de menores. Se trata, no obstante, de un recurso prohibitivo para muchos padres por su incidencia en la economía familiar.

Plan nacional de conciliación, la solución reivindicada por muchas familias

Visto el escaso margen de maniobra del que disponen actualmente las familias, son cada vez más las voces que reclaman la necesidad de facilitar la conciliación durante la pandemia, dando forma a un plan nacional que aporte más soluciones. En el mismo no se debería olvidar a aquellos que no trabajen por cuenta ajena. La única alternativa actual para los autónomos, no incluidos en el Plan Me Cuida, es ejercer su oficio en modo remoto. El problema es que para gran parte de ellos no es una salida válida por lo indispensable que resulta la presencialidad en el ejercicio de sus funciones.

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